Huele a paro, a injusticia social y a desaparición de los derechos de las personas.
Huele a avaricia, a feudalismo económico, a privatizaciones y a desmantelamiento del Estado.
Huele a miedo, a servidumbre, a pobreza intelectual y a esclavitud.
Huele a expeculación con los alimentos, a industria de armas y a deudas de Estados.
Huele a muerte, a enfermedades, a hambre y a sed.
Huele a grandes mansiones, a paraisos fiscales y a lujos de unos pocos.
Huele a dolor humano, a llanto, a desesperanza y a suicidio.
Huele a liberalismo, a salvajismo económico y a capitalismo inhumano.
Huele a jóvenes sin futuro, a falta de vivienda, de sanidad y de educación.
Huele a colegios, universidades, a clínicas y hospitales privados.
Huele a contaminación, a energía nuclear y a destrucción de la naturaleza.
Huele a urbanización de lujo y a bunker de seguridad privada.
Huele a tortura policial, a desapariciones,. a persecuciones, a Guerra, a racismo y genocidio.
Huele a llanto de niño, alarido de madre, a pena en el alma y a impotencia en el ánimo.
No dejemos que esa peste se acerque más.
No aceptemos que nos la hagan tragar.
Que entierren a nuestros hijos en ella.
Y nosotros sin responder.
Hagamos que huela a
revolución y libertad

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