martes, 20 de noviembre de 2012

Le llaman sacrificio cuando quieren decir holocausto

Le llaman sacrificio cuando quieren decir holocausto

Francisco Altemir

   Los poderosos siempre han cambiado el significado de las palabras de forma que inducen a error a los más débiles, mejor dicho les atemorizan para que obren de acuerdo con sus dictados.

   Tal ocurre con la palabra SACRIFICIO, al escucharla viene a nuestras mentes todo el poso de “enseñanza cristiana acrítica” que durante cientos de años nos han tratado de despojar de  nuestra capacidad de discernimiento. Recordamos a un dios del Antiguo Testamento que ordena a Abraham a “sacrificar” a su hijo Isaac asesinándole para satisfacción suya. Nos viene a las mente cierta prácticas masoquistas: azotarse la espalda o colocarse cilicios para sufrir y ofrecer el “sacrificio “ a un dios inexistente, porque el Dios del Nuevo Testamento encarnado en un hombre, Jesús de Nazaret, abomina de tales prácticas infructuosas. También las civilizaciones precolombinas ofrecían a sus dioses las ofrendas de los corazones de los guerreros más valientes y de las mujeres más hermosas, lo hacían en pirámides construidas a tal efecto.

   Los escritos y leyendas no se pueden descontextualizar. El género humano ha ido creciendo en sabiduría y conocimientos lenta y paulatinamente. En los albores de la humanidad cualquier suceso nuevo o extraordinario les causaba inquietud por no decir auténtico pavor. Una simple tormenta eléctrica con su aparatoso acompañamiento de lluvia, rayos y truenos les hacía pensar que debían hacer una ofrenda al ser capaz de promover tan pavoroso fenómeno. Le ofrecían  productos de la tierra o animales domésticos para aplacar su ira, y ganarse su benevolencia. Era una especie de soborno primitivo para conquistar el favor del “dios” capaz de hacer tales prodigios que les dejaban en estado de “shock”.

   Ese significado ha sido recogido por el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, sin tener en cuenta el contexto en que cristalizó.

   Por otra parte se dice que unos padres se sacrifican por sus hijos, velándoles noches enteras cuando enferman. Uno no se imagina a esos padres con cara de cordero degollado por el “sacrificio” que están haciendo, cuando en realidad tienen cara de preocupación y, finalmente, tienen la cara y el corazón contentos cuando el hijo mejora. Su actuación les ha salido de dentro, por obligación (de ob, prefijo: a causa de  y deligare : ligazón, parentesco).

   Ese es el auténtico significado de la palabra SACRIFICIO, hacer lo más importante (del latín sacrum, lo más importante o sagrado, y de facere, obrar o actuar). Es la actitud de muchos líderes que con riesgo de la vida o de su libertad las arriesgan por sus compañeros o los desvalidos (Sánchez Gordillo). La Plataforma de Afectados por las Hipotecas es una buena muestra de ello. Los “yayoflautas” que hemos visto ser empujados y golpeados por orden de los mandamases se ven impelidos a actuar de esa forma porque es el SACRIFICIO que les pide el cuerpo, la solidaridad con las víctimas del terrorismo del sistema.

   Es más fácil utilizar un falso eufemismo que decir la verdad que van adoptar nuevas medidas que nos llevan a un auténtico holocausto, a la muerte por inanición, a la muerte por falta de cuidados, a la muerte por falta de esperanza, a la muerte por desesperación. Lo más importante que tenemos todos en la vida es el futuro, en principio es nuestro pero nos puede ser arrebatado sumiéndonos en la desesperanza y empujando a muchos al suicidio. Hay que tener en cuenta  de la misma forma que hay muchos desahuciados invisibles como escribía hace poco Ignacio Escolar (sólo salen en televisión la punta del iceberg), hay también muchos suicidas invisibles de los que nadie cuenta nada. Solamente lo saben, aparte de los allegados, los jueces que levantan los cadáveres y los del Samur. Uno y otro cuerpo de funcionarios se han indignado y claman porque se tomen medidas para evitar tales desgracias, ellos no son los malos de la película, los malos son otros y se irán de rositas. Es más fácil pedir “sacrificios” que pedir que vayamos al degolladero, pero ignoran que el verdadero significado de SACRIFICIO supone la unión de todos contra la injusticia, la corrupción y la mentira.  Es el trabajo más sagrado e importante que nos aguarda.

   Los mandamases conocen muy bien los consejos de Maquiavelo  en “El Príncipe”, después de sopesar las dos alternativas contrapuestas: “Más vale ser temido que amado.  Ignoran, como es natural, que las sociedades en las que no reina el temor son más felices, las personas son más solidarias. Hay que decir ¡BASTA! a este capitalismo salvaje en el que reina la SACROSANTA  COMPETITIVIDAD,  que convierte a la sociedad en una jungla en la que impera el más fuerte, el que sabe poner mucho mejor las zancadillas, el que sabe manejar la navaja mejor que nadie, el que es más astuto y utiliza las mejores argucias para escalar puestos pisoteando a los demás, el que tiene menos escrúpulos, el que ve en el otro un enemigo al que hay que eliminar en lugar de un amigo al que hay que ayudar. Es necesario cambiar el sistema, en el que se vea al otro como un compañero, con su dignidad y sus flaquezas como las nuestras porque somos seres de relación, como decía Antonio  Machado: “Un corazón solitario no es un corazón”. Hay que sustituir la competitividad por la cooperación, teniendo en cuenta además que el rendimiento por hora aumentará al no perder el tiempo miserablemente en cómo deshacerse de los “enemigos” (Esta observación debería servir para calmar a losAmos del Universo).

   Es necesario desterrar el miedo al que nos quieren someter. Es necesario pensar con autonomía y apartar de nosotros las “recetas!” de los que, ignorando todo, nos atiborran del “pensamiento único”. Ese pensamiento único nos dice: tienes que adaptarte y el hombre medio tiene que adaptarse y someterse para sobrevivir. Adaptarse y someterse a la economía de mercado, a la globalización financiera y especuladora, a la competitividad, a los empleos precarios, a la posibilidad del paro o de la jubilación anticipada, a la explotación laboral, al acoso en el trabajo, a la posibilidad de deslocalizaciones y fusiones, con las consiguientes pérdidas de puestos de trabajo, a los paraísos fiscales, a las especulaciones financieras e inmobiliarias efectuadas por los “amos del universo”. Adaptarse y someterse al yugo que supone el pago de las hipotecas durante, prácticamente, toda la vida. Adaptarse a la arrogancia y prepotencia del poder, al trabajo infantil esclavo, a la trata de blancas. Adaptarse a las amenazas de privatización de los servicios públicos o a su posterior desaparición. En sumo: adaptarse a vivir con miedo, sin dignidad y esperanza y a deshumanizarse. El sistema aborrece de los que piensan y se rebelan, les descalifica tachándoles de “inadaptados” y les echa encima a los cuerpos de seguridad del Estado: ¡Hay que identificarse! y ¡Ay de ti si no lo haces aunque seas un “yayoflauta” que lucha por sus bisnietos!

 *Este extraordinario texto está publicado en ATTAC Madrid  por Paco Altemir, como reacción al suicidio del hijo de unos amigos. Tenía 51 años y acababa de ser despedido.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Los Derechos de los Trabajadores

Los derechos de los trabajadores

¿Un tema para arqueólogos?

Eduardo Galeano

El escritor uruguayo convocó a cientos de estudiantes, que fueron hasta nueve horas antes de que hablara para conseguir entrar. El tema era uno “que ya no suele tocarse”, el del trabajo “y el del miedo que tenemos todos de quedarnos sin trabajo”. Fue escuchado en un silencio profundo y aclamado al final.



 Este mosaico ha sido armado con unos pocos textos míos, publicados en libros y revistas en los últimos años. Sin querer queriendo, yendo y viniendo entre el pasado y el presente y entre temas diversos, todos los textos se refieren, de alguna manera, directa o indirectamente, a los derechos de los trabajadores, derechos despedazados por el huracán de la crisis: esta crisis feroz, que castiga el trabajo y recompensa la especulación y está arrojando al tacho de la basura más de dos siglos de conquistas obreras.
La tarántula universal

Ocurrió en Chicago, en 1886.

El 1º de mayo, cuando la huelga obrera paralizó Chicago y otras ciudades, el diario Philadelphia Tribune diagnosticó: El elemento laboral ha sido picado por una especie de tarántula universal, y se ha vuelto loco de remate.

Locos de remate estaban los obreros que luchaban por la jornada de trabajo de ocho horas y por el derecho a la organización sindical.

Al año siguiente, cuatro dirigentes obreros, acusados de asesinato, fueron sentenciados sin pruebas en un juicio mamarracho. Georg Engel, Adolf Fischer, Albert Parsons y Auguste Spies marcharon a la horca. El quinto condenado, Louis Linng, se había volado la cabeza en su celda.

Cada 1º de mayo, el mundo entero los recuerda.

Con el paso del tiempo, las convenciones internacionales, las constituciones y las leyes les han dado la razón.

Sin embargo, las empresas más exitosas siguen sin enterarse. Prohíben los sindicatos obreros y miden la jornada de trabajo con aquellos relojes derretidos que pintó Salvador Dalí.

Una enfermedad llamada trabajo

En 1714 murió Bernardino Ramazzini.

El era un médico raro, que empezaba preguntando:

–¿En qué trabaja usted?

A nadie se le había ocurrido que eso podía tener alguna importancia.

Su experiencia le permitió escribir el primer tratado de medicina del trabajo, donde describió, una por una, las enfermedades frecuentes en más de cincuenta oficios. Y comprobó que había pocas esperanzas de curación para los obreros que comían hambre, sin sol y sin descanso, en talleres cerrados, irrespirables y mugrientos.

Mientras Ramazzini moría en Padua, en Londres nacía Percivall Pott.

Siguiendo las huellas del maestro italiano, este médico inglés investigó la vida y la muerte de los obreros pobres. Entre otros hallazgos, Pott descubrió por qué era tan breve la vida de los niños deshollinadores. Los niños se deslizaban, desnudos, por las chimeneas, de casa en casa, y en su difícil tarea de limpieza respiraban mucho hollín. El hollín era su verdugo.

Desechables

Más de noventa millones de clientes acuden, cada semana, a las tiendas Wal-Mart. Sus más de novecientos mil empleados tienen prohibida la afiliación a cualquier sindicato. Cuando a alguno se le ocurre la idea, pasa a ser un desempleado más. La exitosa empresa niega sin disimulo uno de los derechos humanos proclamados por las Naciones Unidas: la libertad de asociación. El fundador de Wal-Mart, Sam Walton, recibió en 1992, la Medalla de la Libertad, una de las más altas condecoraciones de los Estados Unidos.

Uno de cada cuatro adultos norteamericanos, y nueve de cada diez niños, engullen en McDonald’s la comida plástica que los engorda. Los trabajadores de McDonald’s son tan desechables como la comida que sirven: los pica la misma máquina. Tampoco ellos tienen el derecho de sindicalizarse.

En Malasia, donde los sindicatos obreros todavía existen y actúan, las empresas Intel, Motorola, Texas Instruments y Hewlett Packard lograron evitar esa molestia. El gobierno de Malasia declaró union free, libre de sindicatos, el sector electrónico.

Tampoco tenían ninguna posibilidad de agremiarse las ciento noventa obreras que murieron quemadas en Tailandia, en 1993, en el galpón trancado por fuera donde fabricaban los muñecos de Sesame Street, Bart Simpson y Los Muppets.

En sus campañas electorales del año 2000, los candidatos Bush y Gore coincidieron en la necesidad de seguir imponiendo en el mundo el modelo norteamericano de relaciones laborales. “Nuestro estilo de trabajo”, como ambos lo llamaron, es el que está marcando el paso de la globalización que avanza con botas de siete leguas y entra hasta en los más remotos rincones del planeta.

La tecnología, que ha abolido las distancias, permite ahora que un obrero de Nike en Indonesia tenga que trabajar cien mil años para ganar lo que gana en un año un ejecutivo de Nike en los Estados Unidos.

Es la continuación de la época colonial, en una escala jamás conocida. Los pobres del mundo siguen cumpliendo su función tradicional: proporcionan brazos baratos y productos baratos, aunque ahora produzcan muñecos, zapatos deportivos, computadoras o instrumentos de alta tecnología además de producir, como antes, caucho, arroz, café, azúcar y otras cosas malditas por el mercado mundial.

Desde 1919, se han firmado 183 convenios internacionales que regulan las relaciones de trabajo en el mundo. Según la Organización Internacional del Trabajo, de esos 183 acuerdos, Francia ratificó 115, Noruega 106, Alemania 76 y los Estados Unidos... catorce. El país que encabeza el proceso de globalización sólo obedece sus propias órdenes. Así garantiza suficiente impunidad a sus grandes corporaciones, lanzadas a la cacería de mano de obra barata y a la conquista de territorios que las industrias sucias pueden contaminar a su antojo. Paradójicamente, este país que no reconoce más ley que la ley del trabajo fuera de la ley es el que ahora dice que no habrá más remedio que incluir “cláusulas sociales” y de “protección ambiental” en los acuerdos de libre comercio. ¿Qué sería de la realidad sin la publicidad que la enmascara?

Esas cláusulas son meros impuestos que el vicio paga a la virtud con cargo al rubro relaciones públicas, pero la sola mención de los derechos obreros pone los pelos de punta a los más fervorosos abogados del salario de hambre, el horario de goma y el despido libre. Desde que Ernesto Zedillo dejó la presidencia de México, pasó a integrar los directorios de la Union Pacific Corporation y del consorcio Procter & Gamble, que opera en 140 países. Además, encabeza una comisión de las Naciones Unidas y difunde sus pensamientos en la revista Forbes: en idioma tecnocratés, se indigna contra “la imposición de estándares laborales homogéneos en los nuevos acuerdos comerciales”. Traducido, eso significa: olvidemos de una buena vez toda la legislación internacional que todavía protege a los trabajadores. El presidente jubilado cobra por predicar la esclavitud. Pero el principal director ejecutivo de General Electric lo dice más claro: “Para competir, hay que exprimir los limones”. Y no es necesario aclarar que él no trabaja de limón en el reality show del mundo de nuestro tiempo.

Ante las denuncias y las protestas, las empresas se lavan las manos: yo no fui. En la industria posmoderna, el trabajo ya no está concentrado. Así es en todas partes, y no sólo en la actividad privada. Los contratistas fabrican las tres cuartas partes de los autos de Toyota. De cada cinco obreros de Volkswagen en Brasil, sólo uno es empleado de la empresa. De los 81 obreros de Petrobras muertos en accidentes de trabajo a fines del siglo XX, 66 estaban al servicio de contratistas que no cumplen las normas de seguridad. A través de trescientas empresas contratistas, China produce la mitad de todas las muñecas Barbie para las niñas del mundo. En China sí hay sindicatos, pero obedecen a un estado que en nombre del socialismo se ocupa de la disciplina de la mano de obra: “Nosotros combatimos la agitación obrera y la inestabilidad social, para asegurar un clima favorable a los inversores”, explicó Bo Xilai, alto dirigente del Partido Comunista chino.

El poder económico está más monopolizado que nunca, pero los países y las personas compiten en lo que pueden: a ver quién ofrece más a cambio de menos, a ver quién trabaja el doble a cambio de la mitad. A la vera del camino están quedando los restos de las conquistas arrancadas por tantos años de dolor y de lucha.

Las plantas maquiladoras de México, Centroamérica y el Caribe, que por algo se llaman “sweat shops”, talleres del sudor, crecen a un ritmo mucho más acelerado que la industria en su conjunto. Ocho de cada diez nuevos empleos en la Argentina están “en negro”, sin ninguna protección legal. Nueve de cada diez nuevos empleos en toda América latina corresponden al “sector informal”, un eufemismo para decir que los trabajadores están librados a la buena de Dios. La estabilidad laboral y los demás derechos de los trabajadores, ¿serán de aquí a poco un tema para arqueólogos? ¿No más que recuerdos de una especie extinguida?

En el mundo al revés, la libertad oprime: la libertad del dinero exige trabajadores presos de la cárcel del miedo, que es la más cárcel de todas las cárceles. El dios del mercado amenaza y castiga; y bien lo sabe cualquier trabajador, en cualquier lugar. El miedo al desempleo, que sirve a los empleadores para reducir sus costos de mano de obra y multiplicar la productividad, es, hoy por hoy, la fuente de angustia más universal. ¿Quién está a salvo del pánico de ser arrojado a las largas colas de los que buscan trabajo? ¿Quién no teme convertirse en un “obstáculo interno”, para decirlo con las palabras del presidente de la Coca-Cola, que explicó el despido de miles de trabajadores diciendo que “hemos eliminado los obstáculos internos”?

Y en tren de preguntas, la última: ante la globalización del dinero, que divide al mundo en domadores y domados, ¿se podrá internacionalizar la lucha por la dignidad del trabajo? Menudo desafío.

Un raro acto de cordura

En 1998, Francia dictó la ley que redujo a treinta y cinco horas semanales el horario de trabajo.

Trabajar menos, vivir más: Tomás Moro lo había soñado, en su Utopía, pero hubo que esperar cinco siglos para que por fin una nación se atreviera a cometer semejante acto de sentido común.

Al fin y al cabo, ¿para qué sirven las máquinas, si no es para reducir el tiempo de trabajo y ampliar nuestros espacios de libertad? ¿Por qué el progreso tecnológico tiene que regalarnos desempleo y angustia?

Por una vez, al menos, hubo un país que se atrevió a desafiar tanta sinrazón.

Pero poco duró la cordura. La ley de las treinta y cinco horas murió a los diez años.

Este inseguro mundo

Hoy, abril 28, Día de la Seguridad en el Trabajo, vale la pena advertir que no hay nada más inseguro que el trabajo. Cada vez son más y más los trabajadores que despiertan, cada día, preguntando:

–¿Cuántos sobraremos? ¿Quién me comprará?

Muchos pierden el trabajo y muchos pierden, trabajando, la vida: cada quince segundos muere un obrero, asesinado por eso que llaman accidentes de trabajo.

La inseguridad pública es el tema preferido de los políticos que desatan la histeria colectiva para ganar elecciones. Peligro, peligro, proclaman: en cada esquina acecha un ladrón, un violador, un asesino. Pero esos políticos jamás denuncian que trabajar es peligroso, y es peligroso cruzar la calle, porque cada veinticinco segundos muere un peatón, asesinado por eso que llaman accidente de tránsito; y es peligroso comer, porque quien está a salvo del hambre puede sucumbir envenenado por la comida química; y es peligroso respirar, porque en las ciudades el aire puro es, como el silencio, un artículo de lujo; y también es peligroso nacer, porque cada tres segundos muere un niño que no ha llegado vivo a los cinco años de edad.

Historia de Maruja

Hoy, 30 de marzo, Día del Servicio Doméstico, no viene mal contar la breve historia de una trabajadora de uno de los oficios más ninguneados del mundo.

Maruja no tenía edad.

De sus años de antes, nada decía. De sus años de después, nada esperaba.

No era linda, ni fea, ni más o menos.

Caminaba arrastrando los pies, empuñando el plumero, o la escoba, o el cucharón.

Despierta, hundía la cabeza entre los hombros.

Dormida, hundía la cabeza entre las rodillas.

Cuando le hablaban, miraba el suelo, como quien cuenta hormigas.

Había trabajado en casas ajenas desde que tenía memoria.

Nunca había salido de la ciudad de Lima.

Mucho trajinó, de casa en casa, y en ninguna se hallaba. Por fin, encontró un lugar donde fue tratada como si fuera persona.

A los pocos días, se fue.

Se estaba encariñando.

Desaparecidos

Agosto 30, Día de los Desaparecidos:

los muertos sin tumba,

las tumbas sin nombre,

las mujeres y los hombres que el terror tragó,

los bebés que son o han sido botín de guerra.

Y también:

los bosques nativos,

las estrellas en la noche de las ciudades,

el aroma de las flores,

el sabor de las frutas,

las cartas escritas a mano,

los viejos cafés donde había tiempo para perder el tiempo,

el fútbol de la calle,

el derecho a caminar,

el derecho a respirar,

los empleos seguros,

las jubilaciones seguras,

las casas sin rejas,

las puertas sin cerradura,

el sentido comunitario

y el sentido común.

El origen del mundo

Hacía pocos años que había terminado la guerra española y la cruz y la espada reinaban sobre las ruinas de la República.

Uno de los vencidos, un obrero anarquista, recién salido de la cárcel, buscaba trabajo. En vano revolvía cielo y tierra. No había trabajo para un rojo. Todos le ponían mala cara, se encogían de hombros, le daban la espalda. Con nadie se entendía, nadie lo escuchaba. El vino era el único amigo que le quedaba. Por las noches, ante los platos vacíos, soportaba sin decir nada los reproches de su esposa beata, mujer de misa diaria, mientras el hijo, un niño pequeño, le recitaba el catecismo.

Mucho tiempo después, Josep Verdura, el hijo de aquel obrero maldito, me lo contó.

Me lo contó en Barcelona, cuando yo llegué al exilio.

Me lo contó: él era un niño desesperado, que quería salvar a su padre de la condenación eterna, pero el muy ateo, el muy tozudo, no entendía razones.

–Pero papá –preguntó Josep, llorando–. Si Dios no existe, ¿quién hizo el mundo?

Y el obrero, cabizbajo, casi en secreto, dijo:

–Tonto.

Dijo:

–Tonto. Al mundo lo hicimos nosotros, los albañiles.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-208080-2012-11-18.html

jueves, 25 de octubre de 2012

TERRORISMO DE ESTADO EN ESPAÑA

" El terrorismo de Estado consiste en la utilización de métodos ilegítimos por parte de un gobierno orientados a inducir el miedo o terror en la población civil para alcanzar sus objetivos o fomentar comportamientos que no se producirían por sí mismos. " Fuente: Wikipedia

Publicado en: www.eldiario.es

"Nos metieron piedras en la mochila"

Conversación con Ainhoa Cortes y Gabriel Jiménez, dos de las personas detenidas el 25S
"He seguido el 29S desde casa, por Internet, con mucha emoción", dice Gabriel, con una brecha en la cabeza
Denuncian maltrato y tachan de falsas las acusaciones que les imputan


Nos citamos el sábado 29-S en la Plaza Tirso de Molina de Madrid.

-¿Cómo estáis?, les pregunto al verles.

-Con mucha rabia, muy enfadada, pero a la vez muy agradecida ante tantos gestos de solidaridad --contesta de inmediato Ainhoa.
Gabriel es ingeniero de telecomunicaciones. Ainhoa, comerciante y madre de dos hijas. Gabriel se acerca y le veo una marca en la cabeza cosida con seis grapas.

-Es uno de los golpes que me dio la policía con la porra.

Entramos en un bar y comenzamos a charlar. Durante tres horas, sin apenas descanso, relatan su arresto, el paso por los calabozos, la angustia del aislamiento, denuncian malos tratos. Ainhoa no puede evitar las lágrimas en un par de ocasiones:

-Pero nunca lloré delante de los polis.

La conversación fluye sola y sirve para que se cuenten sus experiencias en las celdas de la comisaría de Moratalaz. Dan importancia al más mínimo detalle.
Ainhoa: Yo estuve en una celda de aislamiento, sola con otra compañera. La puerta era opaca, solo entraba la luz por una ventana ojo de buey. Gritábamos pero no nos oían. Así estuve los dos días. Como teníamos un wáter dentro, no nos permitían salir para nada. Gritaba tu nombre, Gabi, pero no me oías.

Gabriel: Es que yo estaba en el otro pasillo. En mi celda éramos siete y tenía rejas. Aunque las condiciones eran muy malas. Dormíamos en colchonetas, nos dieron siempre fabada de comer, solo fabada y galletas, sin agua, el agua nos la daban cuando salíamos al baño, imagínate la sed. A mí me negaron medicación. Pedí analgésicos, y nunca me los dieron. En una de las salidas al baño un poli me dijo con sorna:
“Si, claro, abro la bolsa, meto la mano, saco una pastilla y te la tomas”. Insistí, pero no me los dio. Pedí asistencia médica y otro me la negó. Tengo su número de identificación.
Gabriel recibió un golpe en la cabeza de la policía. En primer plano, la brecha con 6 grapas que le colocaron en el hospital. (Olga Rodríguez)
Gabriel recibió un golpe en la cabeza de la policía. En primer plano, la brecha con 6 grapas que le colocaron en el hospital. (Olga Rodríguez)


La detención

Aún nerviosos, con las emociones a flor de piel, van recomponiendo lo ocurrido en la noche del 25-S, cuando fueron arrestados en el Paseo del Prado de Madrid, cerca de la plaza Cibeles. Gabi retransmitió en directo su detención, a través de su teléfono móvil ( se puede ver aquí).

En la grabación se oye cómo un policía les dice: "¡Al suelo, al puto suelo!". Poco después, un facultativo del Samur advierte que Gabi está herido: "Hay que ponerle grapas y al hospital, al hospital".

Ainhoa: No hicimos nada. Habíamos estado en la manifestación, siempre sentadas, desde las siete de la tarde. Ya nos íbamos a ir, era tarde, las doce o así, estaba todo muy tranquilo, de hecho un grupo de gente había sacado las cartas para jugar en Neptuno poco antes.

Gabriel: De repente un poli dijo a otros: "Decidles que se vayan". Pero en vez de hacer eso, optaron por rodearnos, y nos obligaron a bajar por el Paseo del Prado hacia Cibeles, por el carril por el que pasaban coches. Había un señor y una señora de unos cincuenta años, caminábamos, nadie les tiró nada, todo normal, pero de repente la policía empezó a correr, y nosotros corrimos. Luego nos paramos. Yo me acerqué a un equipo del Samur que estaba atendiendo a un chico (se ve en la grabación). Había una chica joven que iba con el móvil, estaba escribiendo algo, el poli le dice no sé qué, ella contesta: "Sí, ya voy", y el policía dice: "¿Qué, me has contestado?". "No, que ya voy", dice ella. Que no me contestes, replica él y se acerca con la porra con un gesto que parecía que iba a darle, así que yo avancé dos pasos grabando con el teléfono, él se dio cuenta y retrocedió.

A: Y ahí me dijiste: Creo que acabo de salvar a esta chica de un porrazo.

G: Sí. Luego volvieron a correr otra vez, sin ninguna razón, y nosotros corrimos.

A: Pero yo decidí pararme. Vi la inmensidad de la calle, estaba cansada, me bloqueé y paré. Recuerdo que Gabi me miró y dijo: ¿Qué haces? Le dije: No puedo, corre tú. Ahí me cogieron y vi cómo a él le daban un golpe en la cabeza con la porra.

G: También me dieron en el brazo.

A: Y a mí, en el brazo. Me tumbaron en el suelo, se sentaron encima mío para esposarme, me clavaron la rodilla, yo diciendo vale, vale, vale, vale, pero seguían clavándomela.

G: Ahí es cuando a mí me dicen: Al suelo, al puto suelo. Fui yo el que se puso de rodillas antes de que me dijeran eso. Nunca opuse resistencia. Espero que alguna cámara de seguridad de la zona haya captado el momento bien. Me tumbaron, me cogieron por la nuca, yo estaba aturdido por el golpe en la cabeza.

Un reguero de sangre

A: Estábamos tumbados juntos sobre el asfalto, las caras a la misma altura, entonces miro a Gabi y veo que le sale sangre de la cabeza, mucha sangre, empieza a formarse un reguero, un charco.

G: Yo también me di cuenta en ese instante y dije: ¡Estoy herido! 

‘Agachadita’

A: Nos pusieron las esposas y nos llevaron al lado de las furgonetas, agachándonos las cabezas, mirando hacia abajo, pero muy muy agachada iba yo, y me dijeron: "Pero no te levantes, es mejor que vayas así, agachadita, agachadita".

G: Hicieron un círculo en torno a nosotros, dijeron "tapadles con los escudos", nos pusieron de rodillas y luego nos llevaron entre dos furgonetas muy pegadas, nos daban de lleno las luces azules que parpadeaban y allí estuvimos de rodillas todo el rato, hasta que por fin el Samur me atiende.

A: Yo les pregunté si me podía sentar y me dijeron que no. Cogieron mi documentación, y empezaron a reírse de mí, se reían todo el rato de mí. Miraron la foto del DNI y me dijeron: "Estás muy desmejorada ahora", se reían de todo, era un trato para humillar continuamente.

Ainhoa se echa a llorar. "Es que tengo todo muy reciente aún", se disculpa. "Y mis hijas, dos días sin ellas, sin hablar con ellas... en fin".

Se recompone rápidamente y añade: "Ayer mis hijas me dijeron que habían visto una peli mientras yo estaba en la cárcel, con total normalidad. Yo les dije que era un calabozo, no cárcel. Y ahora lo llaman la calabaza. Estuve en una calabaza", dice sonriendo.

G: El Samur dijo que me tenían que llevar al hospital, pero los policías me metieron en un furgón y fui a la comisaría de Moratalaz con el resto de detenidos.

A: Antes nos quitaron las mochilas.

G: Es verdad. Desataron las tiras para no tener que quitarnos las esposas. Bueno, iban a cortarlas, en plan bruto, pero les dijimos que no las rompieran, que era mejor que las desataran. No sé si fue en ese momento cuando metieron las piedras o ya en comisaría.

A: Mientras, seguían metiéndose conmigo. Con mucha mala leche, mucho cachondeo. Yo les decía ya vale, ya vale. Pero al menos no me vieron llorar.
Encapuchados

G: Íbamos en el furgón esposados y sin cinturón de seguridad, dábamos botes. Llegamos a la comisaría. Había muchos policías y muchos polis encapuchados, poli secreta. Había un montón. Nos pusieron contra la pared, de pie, y así estuvimos mucho tiempo, esposados. Era muy intimidatorio.

A: Y ahí vuelven a llevarse nuestras mochilas.

G: Sí. Y es probable que en ese momento metieran las piedras. O ahí, o si no antes, cuando nos quitaron las mochilas junto al furgón...
Se queda pensativo y continúa:
G: Después empezaron a llamarnos uno a uno. Nos decían de qué nos acusaban, nos pedían un número de teléfono del familiar al que queríamos que avisaran, porque nosotros no podíamos llamar a nadie, nos preguntaban qué abogado queríamos, y nos pedían firmar un papel.

Piedras en la mochila

A: En mi caso empezaron a hacer 'inventario' de las cosas que llevaba en mi mochila. Les dije lo que llevaba, me preguntaron si llevaba armas, yo evidentemente dije que no, y entonces entra un poli y dice: ‘Esta es la que tiene piedras’. Y entonces yo, que estaba abriendo la mochila para mostrarles qué tenía, veo tres piedras. Tiro inmediatamente la mochila en un acto reflejo y me quedo flipada. Me callé. No supe decir más. Otro detenido me contó que un poli fuera dijo: ‘Mira la vasquita lo que tenía’.

G: A mí me llevaron a una habitación, tuve que cruzar un pasillo lleno de polis y encapuchados, había tantos que se tenían que apartar para que pudiéramos pasar. En la habitación al principio el trato fue normal. Me pidieron que me quitara los cordones, el cinto, que sacara la cartera, el móvil. El cordón de la sudadera no salía, intentamos sacarlo pero se atascaba, así que un poli vino con un cuchillo grande, como un machete, y mirándome, mientras lo sostenía en la mano, me dijo: “No te muevas, no vaya a ser que te corte el cuello”. El tono que empleó no era amenazante, pero en ese contexto sonaba, como mínimo, extraño. Empezaron a sacar mis pertenencias e iban apuntando lo que sacaban. '¿Qué tienes en la mochila?', me preguntaron. Yo les dije: un cargador, una batería que siempre llevo de repuesto, unos cascos. Entonces abro la mochila y veo tres piedras.

A: Tres también, como yo. Qué casualidad.

G: Yo al ver eso dije: 'Vaya tela'. Resoplé, me dio la risa pero de la angustia, y tardé un poco en reaccionar, parecía una pesadilla. Luego dije: Tres piedras que no estaban ahí antes. Pero no podía escucharles, me quedé en blanco. Entonces me pusieron un boli en la mano, me acercaron a un papel, y me dijeron: ¿Quieres firmar?, mientras tapaban la letra pequeña de la hoja. “Voy a leerlo antes”, dije. “¿Firmas o no?. Aquí no estás para leer”, contestaron. Y no firmé. Menos mal.

A: A todo esto seguíamos siempre de pie, no dejaron sentarse a nadie, ni a Gabi, que tenía la brecha en la cabeza y aún no le habían cosido.

G: Al cabo de un rato vinieron dos polis nacionales y me llevaron al hospital. Antes de irnos, un antidisturbios les preguntó a qué hospital me iban a llevar. Ellos dijeron que al Gregorio Marañón, que es el que quedaba más cerca. El otro les dice que mejor otro hospital, no recuerdo cuál mencionó, porque en el Gregorio ‘no siempre nos tratan muy bien’, refiriéndose a ellos, a la poli. Pero estos me llevaron al Gregorio. En el parte queda claro que tengo herida y golpe de porra.

A: Mientras tanto, yo estaba en la comisaría, me llevaron a una habitación con una médica, me vio tan nerviosa que cerró la puerta, me dolía el codo, estaba esposada, la doctora me dijo que tenía que tomar analgésicos para el dolor, que me lo tomara en cuanto saliera de allí, y yo ahí me puse a llorar, diciéndole que no sabía cuándo iba a salir porque me habían colocado piedras en la mochila. Me desahogué mucho con ella, fue muy amable.

Los calabozos

A: En torno a las cinco de la madrugada nos metieron en el calabozo. A mí en la celda incomunicada, al fondo del todo, con una chica que tenía varias heridas y un ojo mal. Es la chica que estaba en el bar que se ha hecho tan famoso porque el dueño no dejó entrar a los polis. Ella salió y la tiraron. Necesitaba atención médica, gotas en el ojo, porque le temblaba, pero tardaron mucho en dárselas. Para que nos oyeran los polis teníamos que pegarnos mucho al ojo de buey de la puerta, yo gritaba y gritaba, pidiendo agua y medicinas, pero no venían nunca.

G: En mi celda, que no tenía puerta opaca, sino rejas, sí nos oían, pero no nos hacían caso. Teníamos que gritar y gritar pidiendo agua, medicinas, comida... Pero el agua solo era tres veces al día, la comida siempre fue fabada, sin agua, y las medicinas nunca llegaron.

A: Acabo de acordarme que al llevarme al calabozo, dos polis leyeron mi parte y me dijeron: “Pero si no te hemos pegado, te has caído tú solita, esto te los has hecho tú sola”. Y luego es cuando se llevaron el parte, y yo pensé: “A ver qué van a poner ahora”. Pregunté por mi informe y una policía rubia me contestó: “Tú sabrás dónde lo has puesto”. ¡Y yo estaba esposada, con las manos inmovilizadas! Esa mujer era tremenda. Nos decía: “¿Qué creéis, que soy vuestra profesora de matemáticas? Callaros!” Un chico preguntó si podía ir al baño y ella le contestó: "¿Y quieres que te la sujete?” Decía cosas como “¿estáis cansados? No os quejéis, que yo también estoy cansada, que llevo aquí muchas horas”. Y al chico que se desmayó, le dijo luego: “Pero qué haces sentado, nos ves a los demás sentados? Venga, de pie”.
Sin manta, sin analgésicos
G: Era tremenda. Cuando yo llegué del hospital empecé a sangrar otra vez por la cabeza, pedí atención médica y me dijo: “Acabas de volver, así que te aguantas, que no vas a ir otra vez”. En la celda pedí una manta y no me la dieron, a otros sí, pero yo me quedé sin manta. Pasé mucho frío la primera noche y mucho calor la segunda. Había un poli amable que se preocupaba por apagarnos la luz por la noche, pero a los dos minutos llegaba uno que tenía muy mala leche y nos la encendía.

A: Yo me derrumbé el segundo día, cuando vi que no salíamos por la mañana. Pedí tantas veces hablar con mis hijas... pero nada, claro. También pedí que no me dieran siempre fabada. Y me dijeron: Hay mucha gente que no tiene ni fabada. Y yo contesté: Ya, por eso estuve ayer en la calle manifestándome.

G: Imagínate cómo estaba mi celda, siete tipos dos días sin ducharse, comiendo solo fabada.

A: No teníamos bolígrafo, así que cogí la pegatina del paquete de la comida, con los dientes recorté los números de la fecha de caducidad y del código de barras para componer un pequeño puzzle con el número de teléfono de Javier (su marido) y los pegué en la ropa de mi compañera de celda, por si salía antes que yo, para que le llamara. Porque seguía sin tener claro si le habían avisado o no. Y de hecho, no le avisaron hasta las ocho y pico de la mañana del miércoles, es decir, casi nueve horas después de mi detención.

G: En mi celda alguna vez cantamos ‘libertad, libertad’, o ‘el pueblo unido, jamás será vencido”. Por fin el jueves por la tarde nos trasladaron en furgones a los juzgados de Plaza de Castilla. Tenía la sensación de que habíamos pasado allí mucho más de dos días... qué largo se hizo.

La salida

G: El furgón que nos llevó a los juzgados estaba empapado de agua y olía a un producto de limpieza muy fuerte, me mareé por el camino, pero al llegar a los juzgados escuché gritos por un megáfono, por una rendija distinguí a tres personas de la asamblea de Carabanchel que nos esperaban, y ahí me vine arriba.

A: Y yo.

G: En los juzgados escuchamos el atestado policial. Todos nos quedamos muy sorprendidos. Recuerdo a un hombre de cuarenta años, con americana, pantalón de traje, que se quedó en shock al escuchar sus cargos. A mí me acusaron de resistencia. Según el parte, yo iba como liderando a gente para cortar el tráfico en el Paseo del Prado. Dice algo así como que la policía nos dijo tranquilamente y de buenas maneras que nos apartáramos a la acera. Que yo tiré piedras, que a uno le golpeé fuertemente en el pecho, y que todos los polis vieron sin duda que era yo el que lanzaba piedras. Que me dijeron “alto, policía!”, que fueron a retenerme, que yo me resistí violentamente y tuvieron que emplear la fuerza justa y necesaria para reducirme. Eso es lo que dice el atestado. No tengo palabras.

A: Hay una chica que se puso las manos en la cabeza cuando la detuvieron, y tiene las manos hinchadas por eso, porque le dieron en las manos, ¡a la que acusan de tener una maza! Es increíble.

G: En fin. Luego nos pusieron en libertad. Yo abracé una a una a todas las personas que conocía, al salir. Qué importante fue que estuvieran recibiéndonos... Eran las once y media de la noche, pero allí estaban.

Por qué se manifestaron

G: ¿Por qué fui a la manifestación? Por la situación política, económica y social. Porque hay una clase oligárquica que controla todo, disfrazada de democracia, en la que los ciudadanos no importamos nada.

A: Yo por mis hijas. Mucha gente me dice que es mejor que me quede en casa, porque tengo dos hijas pequeñas, pero precisamente por eso salgo, porque mis hijas no se merecen esto.

G: Algún abogado ha dicho que el auto es una vergüenza como auto en sí. Yo eso no lo sé. Lo que sí sé es que los delitos que me atribuyen no son solo mentira, sino denigrantes. Hay un cuerpo solo para ejercer la violencia ‘legal’, para reprimir en nombre de la clase dominante, para seguir perpetuando un sistema de clases. Hay que investigar esta impunidad. Se escudan en que es su trabajo. Pero yo no culpo solo al que me golpea, culpo al secretario del sindicato, el que dijo lo de leña y punto, culpo a la delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, que viene a decir que nos pegan para hacer cumplir la ley, y culpo al Ministerio del Interior.

A: Es un entramado que se retroalimenta, dicen ‘yo solo recibo órdenes’, y hay así una evasión de responsabilidades. Si a nosotros nos han tratado así, imagina cómo tratan a gente que no tiene nada ni a nadie detrás.
"Esto nos da más razones para seguir luchando"
G: Sé que no soy el primero ni seré el último, esto ha pasado antes y con anteriores gobiernos, pero sí es cierto que en estos últimos diez meses se nota claramente el crecimiento de la represión, con cargas, multas e identificaciones.

A: Yo de hecho he dejado de llevar a mis hijas a las manifestaciones.
G: Creo, o espero al menos, que va a crecer la organización ciudadana al margen de las instituciones. Yo no iba con intención de tomar el Congreso, porque no iba a servir de nada. Iba para demostrar mi enfado, sobre todo después de que hubieran imputado a varias personas por el simple hecho de participar en una asamblea. El método no debe ser la toma del poder, tiene que ir de abajo a arriba, a través de la cohesión social y la organización.

A: La lucha en los barrios debe seguir adelante, organizándonos, pero manifestarse y salir a la calle también es importante y complementario. Yo tampoco iba a tomar el Congreso, ni yo, ni nadie.

G: Ahora con la cabeza abierta y piedras que me han colocado en la mochila, ¿cómo me voy a quedar en casa?

A: Esto nos da más razones para seguir luchando. Si piensan que nos van a amedrantar, se  equivocan.
El 29S
Ya en la noche de este sábado 29S, retomamos la conversación. Gabriel no ha ido a la manifestación, pero la sigue a través de Internet:
-Esto es emocionante, hay más gente que el 25S. Pero estoy preocupado, he visto que la policía ha puesto muchos problemas a los medios de comunicación para trabajar y me temo que va a haber cargas otra vez. Lo que demuestra este 29S es que no pueden callar a la gente. Y mira que se empeñan, intentando criminalizar las protestas. Ahora dice la delegada del Gobierno que iban a ir 500 radicales a la concentración. Digo yo que si estás trabajando para que no haya radicales, no lo anuncias a bombo y platillo, a no ser que la estrategia sea querer empañar la imagen del 25S o del 29S.

Publicado en: www.eldiario.es

Entendiendo la Deuda en 15 minutos

Entendiendo la Deuda en 15 minutos

Indice del artículo
Entendiendo la Deuda en 15 minutos
¿Cómo se ha llegado a vivir en Deudocracia?
¿Cómo se endeuda un país?
¿Cuál es la perversión del sistema de financiación?
¿Cómo se ha generado la deuda en Europa?
¿Cómo se estructura nuestra deuda?
¿Quiénes son los acreedores de nuestra Deuda?
¿Cuál es el nivel de endeudamiento de España?
¿Recortes cómo solución a la crisis?
¿Por qué no mejoran las cosas?
Entonces, ¿puede la Deuda considerarse ilegítima e injusta?
Auditoría ciudadana de la deuda: ¿por qué y cómo?
¿Por qué el estado endeudado debe reducir radicalmente su deuda pública al proceder a la anulación de las deudas ilegítimas?
La unión (internacional) hace la fuerza.
¿Cómo pasar a la acción?
Todas las páginas


Recortes presupuestarios, restricciones sociales, menor protección social, peor atención sanitaria, peor educación, rebaja de salarios, despidos, precariedad…
¿Todo por la deuda?
Estamos en crisis y no existe otro discurso para salir de ella que el de recortar y continuar recortando los presupuestos del Estado destinados a fines sociales. El motivo de tal austeridad, según apunta el discurso dominante, es el alto nivel de endeudamiento del Estado español, motivo que comparte con el resto de países de “segunda” de la zona euro.
Hemos visto, durante estos años de crisis, cómo las agendas de nuestros políticos estaban repletas de reuniones y más reuniones; cómo los dirigentes europeos declaraban la urgencia de crear medidas de estabilidad del euro; cómo se llamaba al orden a ciertos países y cómo la presión político-mediática legitimaba continuos gestos antidemocráticos como la imposición de gobiernos tecnócratas no elegidos democráticamente (golpes de estado en Grecia e Italia) o nuestra reciente reforma exprés de la Constitución, sin referéndum, aprobada el 30 de agosto de 2011, que expone en su artículo 135.3: “Los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta. En otras palabras: el pago de la deuda será prioritario; cada euro que entre en tesorería tendrá que ir destinado prioritariamente a pagar la deuda y sus intereses -en detrimento de sueldos, pensiones, prestaciones y cualquier tipo de gasto social- hasta que no se haya cubierto totalmente dicho importe. Y además, se prohíbe su negociación o repudio.
Así pues, el dinero de nuestros impuestos no irá destinado prioritariamente a nuestros servicios sociales sino al pago de la deuda. Una deuda de la que nunca fuimos conscientes sin poder opinar o participar. Una deuda apuntada como el mayor de los problemas y de la que nos hacen responsables directos y nos obligan, por constitución, a saldar. Una deuda que obliga a recortar nuestros servicios públicos y que nos condenará al mayor de los desamparos sociales. Una deuda de la que aún no se ha hecho ninguna auditoría para determinar su legitimidad. Una deuda que ha establecido una nueva política de gobierno y un nuevo orden de prioridades presupuestarias.
Frente a todo esto, debemos preguntarnos, ¿cuál es la verdad que esconde la deuda? Para descifrarlo, hagamos un repaso de la historia de la deuda y veamos cómo se acabó imponiendo este régimen económico llamado Deudocracia.

¿Cómo se ha llegado a vivir en Deudocracia?
Para empezar, debemos decir que la crisis actual no es nueva. El sistema capitalista en el que ya llevamos viviendo más de un siglo, ha generado, a lo largo de su historia, otros episodios de crisis tan duras como la actual. Y es menester decir que estas épocas de crisis han servido para que el sistema capitalista se refundase bajo otros parámetros o ejes de actuación. De hecho, el capitalismo vive de estas épocas de crisis, pues al estar basado en el crecimiento competitivo (producir más y vender más para obtener más y crecer más), y dado que este no puede ser infinito (hay, entre otros, un límite ecológico, pues el planeta no puede ofrecer infinitos recursos), necesita de una destrucción para poder volver a crecer y volver a restablecer, de nuevo, el campo de juego. De nada sirve, entonces, buscar soluciones a la crisis si no se construye una alternativa al sistema económico capitalista. Una alternativa, todo hay que decirlo, que no la encontraremos en el crecimiento y consumo que tanto defienden las escuelas tradicionales de economía, ¿todos debemos crecer y consumir para salir de la crisis? Está claro que las soluciones crecentistas no harán más que encaminar la sociedad a una destrucción irreparable del planeta.
Centrándonos en las causas de esta crisis, y para entender por qué se habla de una crisis de la deuda o por qué la deuda se ha convertido en el eje central de todas las reformas antisociales que estamos viviendo, es aconsejable entender cómo hemos llegado a esta situación de dependencia. Veamos cómo fue creciendo el endeudamiento tanto público como privado:
1ª Etapa: Antecedentes

En los 70 hay una crisis mundial generada, principalmente, por la subida del precio del petróleo (provocada por EEUU y seguida por los países árabes) y por la subida de las tasas de interés sobre los préstamos en EEUU, que afecta tanto a endeudados como a Estados.

Esta crisis marca el inicio de una nueva etapa: el Neoliberalismo. Una etapa que establece tres ejes básicos que, a la vez que dotan de un poder casi autoritario a las instituciones y entidades financieras, afectan muy negativamente al ingreso de dinero de las familias y el Estado:
  • Liberalizar el capital (quitar todas las barreras posibles a la libre circulación del capital), lo que  promocionó el auge del sistema financiero por apoyarse en una tecnología que facilitaba la libre circulación (Internet).
  • Reducir el poder de control de los Estados sobre el mercado, lo que conlleva privatizaciones estatales y política fiscal regresiva (reducción de impuestos, sobre todo a grandes empresas). Un eje que afecta, directamente, al ingreso de dinero de los Estados (el dinero que se invierte en servicios sociales, infraestructura… etc).
  • Flexibilidad laboral, o lo que es lo mismo, presión para establecer unos trabajos precarios y peor remunerados. Esto afecta directamente al ingreso de dinero de las familias (el poder adquisitivo de la población española ha disminuido un 8% en los 10 años previos a la crisis).
2ª Etapa: Disminución de los ingresos
Debido a las medidas neoliberales impuestas a raíz de la crisis de los 70, las familias y los Estados dejaron de ingresar mucho dinero pese a mantener un creciente nivel de gastos (los precios y el consumo no dejan de subir). Esto llevó a ambos agentes a una situación de déficit (déficit es una diferencia negativa entre ingresos y gastos, es decir, cuando gastas más de lo que ingresas).
Por tanto, una de las cosas que hay que desmentir es que el déficit del Estado haya venido provocado por un malgasto o “mal uso” de nuestros servicios sociales. Si el Estado ha incurrido en un déficit es, principalmente, por la disminución de ingresos del Estado a cuenta de la disminución de los impuestos (sobre todo de grandes empresas y familias ricas) y de las privatizaciones de las empresas públicas.
Situación de déficit de un Estado:

El descenso de ingresos provocado por la disminución de los impuestos y las privatizaciones han sido compensados con el aumento de los impuestos indirectos como el IVA (un impuesto injusto por tener que pagarlo por igual todos los ciudadanos sin tener en cuenta el nivel de ingresos)
Bajo esta política neoliberal de dar más libertad al capital y reducir el papel del Estado como recaudador social, España es de los países de la UE que menos recoge en impuestos:

Ingresos fiscales por países en porcentaje del PIB nacional en 2010.
Fuente: http://epp.eurostat.ec.europa.eu/statistics_explained/index.php/Tax_revenue_statistics#Evolution_of_tax_revenue
España contaba con un impuesto de sociedades para grandes empresas del 35% y, en plena crisis, se rebajó al 30% (según fuentes de la AEAT y la CNMV, las grandes empresas que cotizan en el IBEX35, tributan de media un 18%). El Estado dejó de ingresar en los 7 años anteriores a la crisis, por la rebaja fiscal a grandes empresas, 28.000 millones de euros, cifra que contrasta con los 15.000 que recortó Zapatero y los 40.000 que tiene previsto recortar Rajoy en 2012. Y no hay que olvidar la escandalosa cifra que supone el fraude fiscal en España: las organizaciones profesionales de inspectores de Hacienda ofrecen el dato de 70.000 millones de euros anuales (los recortes para el periodo 2010-2013 serán de un total de 50.000 millones de euros).



A pesar de estos factores, como la tendencia impuesta por el capitalismo era de la de un crecimiento basado en el consumo, en el mundo desarrollado se implantó el sistemacrediticio (o de la deuda) durante de los 70, 80 y 90. Este planteamiento crecentista, se pudo dar gracias a la promoción de dinero llevada a cabo por las entidades financieras, que son quienes obtienen beneficios con el movimiento y el préstamo del capital.
Este mecanismo afectó negativamente a todos los agentes posibles:
  • Bancos: Para dar créditos se tienen que endeudar con otro agente.
  • Empresas: El recurso fácil de crédito inundó de deuda las empresas al establecer el crédito como política de crecimiento.
  • Familias: Debido a la pérdida de poder adquisitivo y la promoción de crédito, las familias cayeron en la trampa de la codicia y fueron víctimas participantes del boom inmobiliario.
  • Estado: La pérdida de ingresos por la política neoliberal (intentada compensar con impuestos indirectos) generó un desequilibrio negativo entre estos y los gastos (déficit). Este déficit se solventó con endeudamiento en forma de crédito y de venta de bonos.
En el estado español, este endeudamiento dio rienda suelta a gastos inútiles en tema de infraestructuras (aeropuertos innecesarios, un TAV ineficiente…) y se promovió de una manera desorbitada la vivienda: se construyeron más viviendas que Alemania, Francia e Italia juntas, a los precios más altos del mundo teniendo en cuenta los sueldos de los ciudadanos. Muchos se enriquecieron especulando, pero gran parte del dinero no volverá a existir. Gran parte de este dinero está enterrado en construcciones inacabadas (del orden de 1.500.000)


En el Estado español, el déficit fue contrarrestado por la promoción de la vivienda.
Para entender el boom inmobiliario:




3ªEtapa: Aumento de los gastos
Con la crisis del 2007-2009, llega la etapa de los rescates:
  • Al sector inmobiliario: Se le conceden 20.000 millones de euros en los primeros compases de la crisis.
  • Al sector bancario: las ayudas a la banca, que supuestamente amenazaba con colapsar, supusieron un desembolso por parte de las arcas públicas que, en el caso del Estado español, ascendió a 141.000 millones de euros. El Gobierno, sin embargo, no instauró impuestos para contrarrestar este gasto en su balance, sino que recurrió al endeudamiento.
El galopante aumento del desempleo con el consecuente aumento en el pago de prestaciones y bajada en la recaudación del IRPF, el aumento del gasto público para afrontar la crisis y el aumento de la carga del pago de la deuda por refinanciación contribuyó a que se pasase de una situación de superávit fiscal del 1'9% del PIB en 2007 a un déficit del 11'1% a finales de 2009.

En la actualidad, a nivel mundial,la deuda agregada es de 158 billones de dólares (2 veces el PIB mundial, es decir, 2 veces la riqueza que se genera a nivel mundial). De esta deuda, el 25% es pública y el 75% privada. La deuda total de los países en desarrollo, incluyendo a China y Rusia, es de 1,5 billones de dólares: un 1% de la deuda total mundial, lo que implica que el problema lo tienen EEUU, Europa y Japón.




¿Cómo se endeuda un país?

Así como las familias o las empresas se endeudan con la contracción de créditos bancarios que tienen que devolver bajo unos intereses marcados por la entidad bancaria, los países tienes 3 formas de financiamiento:
  • Préstamos a entidades bancarias: Igual que las familias o empresas.
  • Deuda Multilateral: Préstamos que se contraen con el BEI (Banco Europeo de Inversión). Muy utilizados en la construcción de grandes infraestructuras. Actualmente supone entre un 10% y un 13% de la deuda total del Estado.
  • Emisión de Bonos o Deuda Pública: Es la más importante, supone casi el 80% de la deuda total del Estado. Mediante este mecanismo, el país emite unos “papeles” (bonos) que vende a una cantidad determinada. Esos bonos lo compran los agentes financieros (bancos principalmente) con el compromiso que el Estado les devolverá el dinero invertido más una cierta cantidad en forma de interés. Un interés que, como veremos más adelante, aumenta a medida que se torna más difícil la situación económica.


¿Cuál es la perversión del sistema de financiación?

Es el mecanismo de emisión de deuda pública y la forma de determinar el interés a pagar por esos bonos, es lo que hace del modelo de financiamiento un sistema a todas luces ilegítimo.
Por un lado, el BCE (emisor de la moneda única europea), en base a unas leyes para controlar la inflación, se constituyó para no poder prestar dinero directamente a los países. Dicha constitución obliga a los países a recurrir al mercado secundario (el de los bancos privados) para obtener financiación. Es así como los bancos privados hacen su negocio particular: obtienen dinero barato del BCE (al 1% de interés) y lo ceden a los Estados a un interés mayor (4% o más). Es decir, el sector bancario se beneficia de la deuda emitida por los países y, teniendo en cuenta que los países, debido al modelo de financiamiento, deben recurrir a la venta de bonos para obtener dinero con el que invertir en sus gastos, los bancos son los grandes beneficiarios de la deuda pública de los países, tanto por negocio como por posicionamiento de poder.
Además, el interés que deben pagar los Estados por la deuda contraída, aumenta con la posibilidad de impago, es decir, los intereses que se le exigen a un país por los bonos emitidos son mayores a mayores dificultades económicas atraviese el país. Este aumento del interés (sinónimo de gran negocio para la banca) viene marcado por valoraciones que hacen las agencias de calificación privadas (Standars $ Pool, Moody’s, Fitch) en función de unos parámetros que ellos mismo determinan. El resultado se mide en sus valoraciones y en la prima de riesgo, que es la diferencia porcentual de lo que se paga por el bono en relación al bono alemán.
Ejemplo financiación de un país europeo con una tasa de interés por sus bonos del 5%:

Además, hay todo un mercado financiero alrededor de esta deuda que no hace más alimentar la especulación. Este mercado, tan complejo como ilógico, está compuesto fundamentalmente por los CDS (Credit Default Swaps) o los seguros de impago de la deuda pública de los países. Es decir, un banco puede comprar un bono español y, a la vez, hacer un seguro de impago por si el Estado español se declara en bancarrota y no puede pagar. En caso de default (impago) el tenedor del CDS cobrará el dinero de la indemnización. Pues bien, la perversión de los CDS está en que estos productos financieros pueden adquirirse aún sin estar en posesión de ningún bono, con lo que hay agentes especulativos (tenedores de CDS) que están muy interesados en que haya ciertos países que puedan declarar un impago de sus bonos para poder cobrar el dinero de la indemnización.


¿Cómo se ha generado la deuda en Europa?

La doctrina neoliberal, que promocionó el poder de sector financiero y la reducción de ingresos de los Estados y familias, se instaló institucionalmente en Europa a finales de los 90 y principios del siglo XXI.
La UE, en base a unas reglas insostenibles de crecimiento y consumo, se formó entre países con políticas fiscales muy dispares (mucha diferencia en el impuesto de sociedades) y con capacidades de producción muy diferentes. Esto provocó un desequilibrio en las formas de funcionar: países exportadores (aquellos con mayor capacidad de producción y tecnología) y países importadores.
Los exportadores (Alemania, Francia y los países bajos), lejos de dedicar sus ganancias a promover mejoras sociales en sus ciudadanos, empezaron a exportar su dinero en forma de créditos hacia los países importadores (era más productivo invertir el capital en el sistema especulativo-financiero que en la economía real).
Los importadores, que no podían competir con las industrias más desarrolladas (la alemana y francesa principalmente), debían endeudarse para superar sus déficits comerciales. Recurrieron a la emisión de deuda pública para financiarse. Una deuda que fue absorbida por el sistema financiero privado, tanto interno como externo, y que engrosó las cuentas y el poder de bancos y agentes financieros.
La necesidad de financiamiento de los países importadores unida a la oportunidad que tenía la banca (y agentes financieros) para ganar dinero, promocionó un sistema de endeudamiento que fue absorbido con perfecta eficacia por sociedades educadas en el sobreconsumo, en las que tener más siempre es mejor sin importar las consecuencias sociales, medioambientales o financieras. Así, mientras el sector empresarial y financiero se complace de tener colocada toda su producción, los países periféricos, como importan más de lo que exportan, tienen la necesidad de endeudarse para seguir consumiendo.





¿Cómo se estructura nuestra deuda?

La deuda del estado español está repartida según:

Deuda Pública: representa sólo un 16% del total y es lo que deben las instituciones públicas como el Estado, CCAA y Ayuntamientos (la proporción: 75%, 20% y 5% respectivamente).
Deuda Privada: el resto, 84% del total, es de:
  • Familias 21%, contraída por la población en forma de hipotecas y préstamos personales.
  • Bancos y entidades financieras 32%
  • Empresas (principalmente del sector de la construcción) 31%.


¿Quiénes son los acreedores de nuestra Deuda?

De la Deuda Pública, hemos de decir que el 55% de ella se debe a entidades financieras españolas (Banco Santander y BBVA principalmente) y que el resto es a entidades extranjeras, principalmente bancos franceses y alemanes.

Según estos Datos, es fácil adivinar por qué los presidentes del Banco Santander, del BBVA o Merckel y Sarcozy (hablando por boca de sus banqueros nacionales) estén tan interesados en que España adopte las medidas necesarias para poder saldar sus deudas.


¿Cuál es el nivel de endeudamiento de España?

Según los mensajes que nos llegan para justificar los recortes, parece que el Estado español se haya endeudado mucho, pero ¿cuál es ese nivel de deuda en comparación con otros países? ¿Estamos en una situación tan grave como para que se nos apliquen estos recortes? ¿Acaso gastamos demasiado en servicios sociales? En cuanto a Sanidad y Educación, hay que decir que España, respecto a su PIB, invierte menos que la media de la UE, de hecho, está a la cola en estas materias (un 25% menos que Alemania o Francia). Nuestra deuda, comparada con otros Estados (en relación al PIB):
  • Deuda Pública (azul claro), sólo la punta del iceberg.
  • Deuda de empresas, bancos y entidades financieras (azul oscuro).
  • Deuda Familiar (negro).

A día de hoy tenemos una deuda pública menor que Alemania o Francia.
De hecho, antes de la crisis, España tenía una deuda del 36% respecto al PIB (mucho menor que los compromisos de Maastrich, que la establecían en un nivel máximo del 60%). En la actualidad ha crecido hasta el 70% del PIB.
Resumiendo, el problema no es la deuda pública sino la deuda privada. Y es un problema porque el avalador de tales deudas es el Estado. Así pues, los bancos tan sólo tienen que preocuparse de ganar dinero, pues en caso de fallida, quien asumirá las pérdidas será el Estado.
La banca española está en posesión de 173.000 millones de euros en activos tóxicos (activos financieros de dudoso cobro o difícil venta e hipotecas).

La propuesta de creación de un “Banco Malo”, no es más que una manera de hacer que el Estado asuma (compre) estos activos tóxicos (basura financiera) y libere a la banca de los problemas generados por sus prácticas especulativas. Por supuesto, el Estado debe asumirlo con dinero público, es decir, con dinero de nuestros impuestos.
Debemos ser conscientes, además, que la banca privada fue la principal responsable y beneficiaria de la burbuja inmobiliaria y del aumento desorbitado del precio de los pisos. Ahora, descubierto el agujero que han provocado, no se les juzga por los graves problemas causados a la población, ni se les va a obligar a asumir las consecuencias de un negocio fallido. No participamos de sus beneficios pero debemos asumir sus pérdidas. Es más, han hecho valer su poder (bajo la complacencia interesada de la clase política) para que se les dé dinero de nuestros impuestos y que no se vean afectados económicamente por su negocio en la quiebra. ¿Qué ciudadano posee tal privilegio? Esto es un golpe de Estado financiero.
El coste del rescate a los bancos está siendo trasladado a la población. Se pagan los intereses de una deuda que ha servido para rescatar a la banca y cuyos objetivos están alejados de los intereses de los ciudadanos. Los rescates no deberían ser considerados deuda pública, sino que deberían ser tratados como préstamos separados, a pagar por la misma banca y no por toda la sociedad. Es importante recordar que en 2008 no existía la denominada crisis del “endeudamiento”, pero sí la crisis de los grandes bancos.
El instrumento de endeudamiento “público” está siendo utilizado ahora en Europa como lo fue en Latinoamérica desde los años 1970: como un mecanismo de transferencia de recursos hacia el sector financiero privado. Es una manera de desfalco de recursos públicos y ahora nos toca a nosotros.
Vídeo Viviendo en Deudocracia. La deuda en los países del Norte: Aprendiendo del Sur.







¿Recortes cómo solución a la crisis?

En la situación actual las soluciones que se imponen para afrontar la crisis, no son otras que las ofrecidas por el propio sistema capitalista: Mejorar la competitividad española en el exterior para reactivar la economía. Y para que la economía vuelva a crecer y el pastel vuelva a ser grande y podamos optar a un trozo mayor, nos venden que “todos” debemos hacer un esfuerzo. Pero a estas alturas es evidente que sólo una élite se beneficia de esta estrategia. El resto, permite la degradación de sus derechos, del medio ambiente y de la calidad de vida, en pro del siempre deseado crecimiento económico y a cambio de la esperanza de no figurar en la lista del INEM.
Así, bajo la premisa de una vuelta al crecimiento para salir de la crisis, se están imponiendo dos medidas terriblemente alejadas del bien social:
1.- Rescate de la Banca: Esta medida sólo desemboca en una situación más precaria, pues al poco ingreso que tienen los Estados como herencia de la época neoliberal, debemos añadir el expolio de dinero público que supone la recapitalización del sector bancario. En otras palabras, el dinero de nuestros impuestos, con el pretexto de salvar los ahorros de la población, se está empleando para engrosar cuentas corrientes de directivos bancarios, para seguir con el negocio de compra de activos financieros y para especular en contra de las deudas de los estados europeos.
La ayuda total al sector bancario ha supuesto 141.000 millones

2.- Política de austeridad (sólo sufrida por la población): La aplicación de recortes sociales no hará más que aumentar la recesión económica. Al generar más paro se reducirá la recaudación de impuestos y aumentará el gasto en seguro de desempleo, el déficit y la deuda pública. Y con este aumento de la deuda vendrá la calificación a la baja de las agencias de rating, el consiguiente aumento de la prima de riesgo con su aumento de los intereses de la deuda y nuevos recortes sociales.
Además, los recortes vienen acompañados de otros ajustes como reformas laborales y aumento de los impuestos (sólo sobre los trabajadores y no sobre los beneficios empresariales). Ajustes que sólo recaen sobre la población.
En esta gráfica observamos el gasto que ha hecho el Estado en diferentes ámbitos. El dinero que ha de destinarse al pago de la Deuda ha crecido en 3 años un 65%, principalmente por los rescates bancarios y el gasto social del desempleo.

Resumiendo:
  1. El coste del rescate a los bancos está siendo trasladado a la población con la excusa del endeudamiento. Gran parte de la deuda actual son los intereses de los préstamos contraídos para rescatar a la banca. El dinero que el Estado extrae de los recortes se utiliza para saldar esta deuda, y la banca utiliza este dinero para fines alejados de los intereses de los ciudadanos. Los rescates no deberían ser considerados deuda pública, sino que deberían ser tratados como préstamos separados, a pagar por la misma banca y no por toda la sociedad. La deuda contraída para rescatar a los bancos está hipotecando nuestro futuro y el de generaciones venideras.
  2. La política de austeridad aumentará la situación de crisis y empeorará las cuentas del Estado. Los recortes hacen perder poder adquisitivo a las familias a la vez que se privatizan servicios sociales básicos, lo que llevará a una espiral continua de pobreza y de destrucción de derechos sociales.
  3. Tal y como está instalado el control de la deuda, un país que demuestra menos capacidad para saldarla debe pagar más por los intereses de su financiamiento (aumenta la prima de riesgo y las agencias de rating califican a la baja). Siendo esto así, el estado español, con toda la disminución de ingresos que suponen las medidas de austeridad, será calificada a la baja (crecerán los intereses) y deberá aumentar sus partidas presupuestarias al pago de los intereses de la deuda, lo que significará más recortes.
  4. Una política basada en la deuda genera unas inercias que sólo conducen a un nivel de endeudamiento muy por encima de las posibilidades reales de las poblaciones y a la destrucción del medioambiente por la promoción de una creciente necesidad de sobreconsumo.
Es momento de luchar por nuestros derechos, por nuestros servicios sociales, pues en la dinámica de precariedad, desposesión y privatización a la que estamos siendo sometidos, lo único que nos podrá dar cobertura social no es el capital individual, si no los planes universales de garantía social; es momento de dejar de obsesionarse por hacer el pastel más grande y empezar a cortarlo bien. La salida de la crisis está en que todos tengamos lo necesario, eliminando el derroche de los que tienen más. La salida de la crisis está en repartir la riqueza y el trabajo.


¿Por qué no mejoran las cosas?

El dinero público no se destina a aliviar la situación de los que más padecen la crisis, que ven recortadas sus prestaciones sociales. Nuestros impuestos, regalados a los bancos, se están empleando para engrosar cuentas corrientes de directivos bancarios, para seguir con el negocio de compra de activos financieros y para especular en contra de las deudas de los estados europeos.
El BCE presta dinero a bancos y aseguradoras a un interés muy bajo (1%), dinero barato que invierten en comprar deuda pública a tipos de interés que oscilan entre el 3 y el 15% (como es el caso de Grecia), un negocio redondo. Es decir, las inyecciones de liquidez que el BCE dota a la banca europea para que, supuestamente, lo destinen en forma de créditos a la ciudadanía, se convierte en dinero que los Bancos invierten (por su alta rentabilidad) en la compre de Deuda Pública.
La posibilidad de que el Banco Central preste dinero a los Estados sin la intermediación de los mercados no se plantea: la propia arquitectura financiera de la unión permite, e incluso facilita, este tipo de movimientos especulativos.Y todo ello bajo la injerencia de las agencias de rating, que tras su criminal  actuación en EEUU durante el estallido de la crisis, siguen siendo capaces de evaluar la solvencia de un Estado.
A ello hay que añadir la mayor recesión que provocarán los nuevos recortes. Al generar más paro, se reducirá la recaudación de impuestos y aumentarán el gasto en seguro de desempleo, el déficit y la deuda pública –y la prima de riesgo, que alcanza tasas de usura–, forzando más recortes y alimentando el círculo vicioso.
Los recortes vienen acompañados de otros ajustes como reformas laborales y aumento de los impuestos sólo sobre los trabajadores (y no sobre los beneficios empresariales). Se pretende mejorar la competitividad española en el exterior y así reactivar la economía. Nos venden que “todos” debemos hacer un esfuerzo para que la economía vuelva a crecer, para que el pastel vuelva a ser grande y podamos cada uno tener un trozo mayor. A estas alturas es evidente que solo una elite se beneficia de esta estrategia. El resto permite la degradación de sus derechos, del medio ambiente, de la calidad de vida, en pro del siempredeseado crecimiento económico, a cambio de la esperanza de no figurar en la lista del INEM.
Es momento de dejar de obsesionarse por hacer el pastel más grande y empezar a cortarlo bien. La salida de la crisis está en que todos tengamos lo necesario, eliminando el derroche de los que tienen más. Repartir, en definitiva, la riqueza y el trabajo.


Entonces, ¿puede la Deuda considerarse ilegítima e injusta?

Sí, en derecho internacional, una deuda es ilegítima si procede de préstamos que, por cómo fueron concedidos, gestionados y en aquello que financian, de forma directa o indirecta, atentan contra la dignidad de la vida de los ciudadanos y ponen en peligro la convivencia pacífica entre los pueblos. Es la deudas que se deriva de acuerdos financieros que (o bien en la contratación o renegociación, o bien en lo que establecen, en lo que financian o en los impactos que causan) viola los derechos humanos o los principios de derecho internacional reconocidos por las naciones del mundo y que rigen las relaciones entre los estados y entre los pueblos. La deuda externa, sin embargo, también puede ser considerada ilegítima en su globalidad, en tanto que mecanismo de dominación y empobrecimiento, que perpetúa unas relaciones Sur-Norte injustas y desiguales, que responde fundamentalmente a los intereses de los acreedores y, en concreto, de las élites económicas (en el Norte y en el Sur).
Es una deuda ilegítima aquella cuyos fondos se emplean para adquirir medios y armas para reprimir a la población o para fines muy discutibles, como comprar navíos de guerra, submarinos, cazabombarderos y helicópteros de combate (el  gobierno griego siguió comprando armamento a Francia y Alemania, cuando su deuda ya era enorme).
Deudas ilegítimas, contraídas a espaldas de la ciudadanía, contra sus derechos, deteriorando o destruyendo el medio ambiente no se deben pagar.
También las ayudas a los bancos pueden ser consideradas como deuda ilegítima, porque no cumple para lo que ha sido concebida. El dinero del rescate ha sido destinado a que el sector financiero privado se haya podido deshacer de los activos tóxicos, pagar parte de sus deudas y reestructurarse obteniendo grandes beneficios.


Auditoría ciudadana de la deuda: ¿por qué y cómo?

La cuestión del pago de la deuda pública constituye un tabú. Los jefes de Estado y de gobierno, el Banco Central Europeo (BCE), el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Comisión Europea y la prensa dominante lo presentan como inevitable, indiscutible y obligatorio. Los ciudadanos y las ciudadanas se deberían resignar a pagar la deuda pública. La única discusión posible sería sobre la forma de modular el reparto de los sacrificios necesarios para liberar los medios presupuestarios suficientes, con el fin de cumplir con los compromisos del país endeudado. Los gobiernos que pidieron los préstamos fueron elegidos democráticamente, por lo tanto sus actos son legítimos. ¿Se debe pagar?
La auditoría ciudadana es un instrumento para eliminar este tabú. Consiste en analizar de manera crítica la política de endeudamiento llevada a cabo por las autoridades de un país.
No es necesario entrar en secretos de Estado para encontrar las respuestas. Es perfectamente posible proceder a un examen riguroso del endeudamiento público a partir de información de dominio público.
El proceso de una auditoría no es un proceso reservado a expertos; un colectivo puede comenzar el trabajo y provocar el debate público, durante el proceso los colectivos se entusiasmarán y conseguirán diferentes asesoramientos (por ejemplo, estudiar las dificultades financieras encontradas en los hospitales públicos presentes en un territorio).
Otros ámbitos en materia de deudas privadas también pueden abordarse. En países como España o Irlanda en los que el estallido de la burbuja inmobiliaria hundió a centenares de miles de familias en la ruina, sería útil investigar las deudas hipotecarias de las familias. Las víctimas de los manejos de los prestamistas pueden aportar sus testimonios y ayudar a comprender el proceso ilegítimo de endeudamiento que las afecta.
Pero más allá del control financiero, la auditoría tiene un papel eminentemente político ligado a dos necesidades fundamentales de la sociedad: la transparencia y el control democrático del Estado y de sus gobernantes por los ciudadanos.
Se trata de necesidades que se refieren a los derechos democráticos elementales, reconocidos en el derecho internacional, el derecho interno y la Constitución, aunque sean violados continuamente. El derecho de control que tienen los ciudadanos sobre aquellos que los gobiernan, de informarse de todo lo que concierne a su gestión, sus objetivos y sus motivaciones es intrínseco a la propia democracia. Esto emana del derecho fundamental de los ciudadanos a ejercer su control sobre el poder y de participar activamente en los asuntos públicos y por lo tanto comunes.
El hecho de que los gobernantes se opongan a la idea de que los ciudadanos y ciudadanas osen realizar una auditoría ciudadana es revelador de una democracia muy enferma.
La realización de una auditoría ciudadana de la deuda pública, combinada, gracias a una importante movilización popular, con una suspensión del reembolso de la deuda pública, debe llevar a la anulación/repudio de la parte ilegítima de la deuda pública y a una reducción drástica del resto de esa deuda.
No es cuestión de apoyar los alivios de deuda decididos por los acreedores, especialmente a causa de las severas contrapartidas que implican. La anulación de la deuda, que desde ese momento es un repudio por el país deudor, es un potente acto soberano unilateral.


¿Por qué el estado endeudado debe reducir radicalmente su deuda pública al proceder a la anulación de las deudas ilegítimas?

En primer lugar por razones de justicia social, pero también por razones económicas que cualquiera puede comprender y apropiárselas. Es inviable salir de la crisis de forma satisfactoria, si una parte creciente del presupuesto público se dedica al pago, cada vez más costoso, de la deuda pública.No es posible responder a una deuda que puede crecer indefinidamente haciendo crecer indefinidamente la economía, puesto que los recursos no son ilimitados.
Por lo tanto es necesario anular una gran parte de la deuda pública. La amplitud de esta anulación dependerá del nivel de conciencia de la población (en este nivel, la auditoría ciudadana cumple una función crucial), de la evolución de la crisis económica y política y sobre todo de las relaciones de fuerza concretas que se construyen en la calle, en las plazas y en los lugares de trabajo mediante las actuales movilizaciones y las que están por venir.
La reducción radical de la deuda pública es una condición necesaria pero no suficiente para que los países de la Unión Europea puedan salir de la crisis. Se necesitan medidas complementarias: reforma fiscal redistributiva,persecución efectiva del fraude fiscal, transferencia del sector de las finanzas al ámbito público, imposición de una tasa sobre las transacciones financieras especulativas, resocialización de otros sectores claves de la economía, reducción del tiempo de trabajo con blindaje de los salarios más bajosy contratación compensatoria, y tantas otras medidas que permitirían cambiar radicalmente la situación actual que llevó al mundo a un explosivo callejón sin salida.


La unión (internacional) hace la fuerza.

Una campaña por la auditoría de la deuda desplegada únicamente en el interior de las fronteras nacionales es difícilmente concebible frente a un enemigosupranacional unido, rodado, experimentado, coordinado, sobrearmado y, sobre todo, determinado a pelearse durante mucho tiempo.
Esta deuda y las políticas de austeridad draconiana que engendra están totalmente internacionalizadas. Pero la extensión de la crisis de la deuda por toda Europa y Mediterráneo tiene al menos una consecuencia positiva: ha hecho nacer resistencias que caminan hacia la creación de campañas de auditoría de la deuda pública -muy pronto- en una docena de países.
Se están desarrollando iniciativas por auditorías ciudadanas de la deuda en Francia, Grecia, Irlanda, España, Portugal, Italia, Bélgica, Reino Unido, Túnez, Egipto.... El encuentro, el intercambio de experiencias, la conexión en red, la coordinación y, sobre todo, la elaboración programática y la acción común de todas estas campañas europeas (pero también extraeuropeas) son actualmente de una urgencia absoluta y constituyen una tarea prioritaria para todos nosotros.
En conclusión, podríamos muy bien afirmar que la verdadera razón de ser de una campaña o de una comisión de auditoría de la deuda pública es contribuir a dinamizar, radicalizar y a poner en marcha hacia su emancipación a una sociedad ya revuelta contra los planes de austeridad y el sistema que los genera. ¿De qué manera? Animando y ayudando directamente a la auto-organización de los ciudadanos en lascolectividades de lucha contra la deuda y la austeridad, con el fin de que nos familiaricemos tantocon el control ciudadano de los actos de "los de arriba", como con la idea de que  somos capacesde gestionar democráticamente nuestra cotidianeidad. En suma, con el fin de tomar las riendasde nuestras vidas y destinos. Ni más, ni menos...


¿Cómo pasar a la acción?

Contáctanos y te contamos:
GdT Auditoría Deuda Bcn15M:
Coordinación Estatal Auditoría Deuda:
La auditoría debe servir a las luchas de resistencia y de emancipación de losciudadanos. La auditoría de la deuda no es un fin en sí mismo, no es más que uninstrumento, un medio al servicio de la lucha por la emancipación de los ciudadanos.
Anexos:
  1. “La deuda pública, un mecanismo de redistribución de riqueza de pobres a ricos”. Ivan Gordilloes miembro del Seminarid'Economia Crítica Taifa (http://seminaritaifa.org/).
  2. “Resumen de Argumentos legales”. Resumido de los capítulos 21 y 22, escritos por CécileLamarque y RenaudVivien, CADTM Lieja, Bélgica, del libro colectivo “La deuda o la vida”, (direc.DamienMillet-Eric Toussaint), Icaria editorial, Barcelona 2011.
  3. Glosario; quién y qué es qué en el mundo de la Deuda. (libro)
  4. Maletín para ampliar información (Enric).

domingo, 23 de septiembre de 2012

El mantra capitalista de la iniciativa.

    

   ¿Que iniciativa puede tener un trabajador en la construcción, en la oficina, en la fábrica, en la gran superficie?. El capitalismo nunca quiso su iniciativa, solo quiso su mano de obra, la plusvalía que generaba y en el momento que era más rentable expulsarle del mercado laboral le lanza a lo que llaman el 'estado proteccionista' para inmediatamente cuestionar esa protección.

   Este artículo vuelve sobre una de las mentiras más utilizadas y menos sostenibles del neoliberalismo, "la anulación de la iniciativa en el ser humano por parte de una sociedad proteccionista y por tanto el parón de su progreso y la creación de vagos improductivos". 

    La iniciativa a la que se refiere, ya que no puede referirse a otra, es la iniciativa empresarial privada, la iniciativa que tiene en exclusiva el joven de padres acaudalados, que por lo general suele ser poco más que sustituir a su progenitor o que éste le coloque en algún consejo asesor (a partir de entonces se le considerará alguien de iniciativa). Alguna vez al 'niño' se le antoja crear su propia empresa e incluso sale adelante con el único riesgo de que papa pierda algo de su dineral.

     A los mismos que se les llena la boca de 'iniciativa' desmantelan en este país o pagan sueldos miserables a los investigadores.

     La mejor incentivación de la iniciativa empieza por una Educación de calidad, una protección y fomento de la investigación y el desarrollo de sus frutos por el propio Estado. Así tendríamos 40.000.000 de posibilidades de tener iniciativa sobre el limitado número de los niños de papa o de aquellos que se arriesgan y tienen la suerte de ser financiados para ser después desangrados.


Revolhack.